
Poco a poco uno va escribiendo cosas y a saber por que,si por aburrimiento o por simples ganas de mostrar lo que hace,lo sube a internet :P
sábado, 5 de noviembre de 2011
miércoles, 27 de julio de 2011
Sky city.
-¿Cómo esta todo por aquí? – Pregunto el soldado que se acerco caminando.
- No te había visto llegar. – Suspiro el que estaba sentado sobre el banco. – Una de las pocas noches tranquilas. Nada de momento. Una guardia aburrida, aunque las prefiero así.
- Ya te digo. Pocas noches como estas hay, mejor disfrutarlas. – Se acerco al otro y le levanto tendiéndole la mano. – A dormir, ya me quedo yo el resto de la guardia.
-Venga, nos vemos mas tarde. – Le respondió mientras se alejaba y le saludaba con la mano.
El otro soldado se sentó en el banco, apoyo la cabeza contra la pared y dio un suspiro mirando hacia el cielo. La pared era dura, oscura y con un pequeño musgo que le crecía por todas partes debido a los años. Eso la hacía algo más cómoda.
-Mierda… - Dijo en voz baja cuando una fuerte ráfaga de viento casi apaga la pequeña fogata que tenía delante. Se levanto y la cubrió del viento con un trozo de cartón que había en el suelo.
Antes de volver a sentarse, un pequeño destello en una de las armas le llamo la atención. Se fue acercando paso a paso lentamente para no caer por el angosto pasillo hasta llegar al arma que estaba enganchada a la punta. Todo lo que le rodeaba era un precipicio oscuro sin apenas espacio para moverse. Aquel era de las zonas de guardia más pequeñas de toda la ciudad. Varios habían caído por ahí, pero no en una noche como aquella, en las noches tranquilas nunca nada pasaba, solo en las demás, las peligrosas.
Un débil ruido llamo su atención. Venía desde abajo. Se agarro firmemente al arma con una de sus manos, con la otra sujetó los binoculares que tenia colgando del cinturón y se dejo caer lentamente hasta poder ver hacia abajo.
Todo lo que vio fue un paramo desierto. El mismo de todos los días. Nada más que rocas y arena y tierra rojiza.
-No hay ni rastro de ellos, menos mal… - Dijo para sí mismo mientras se levantaba y volvía a ponerse de pie y dejo escapar otro suspiro. – Era cierto que era una noche tranquila al final. Y si no tú nos protegerías ¿Verdad? – Le pregunto al arma a su lado mientras sonreía. Una sonrisa que no tardo mucho en apagarse ya que sabía lo que aquello significaba. A las noches tranquilas como aquellas siempre les seguían noches tormentosas, noches difíciles.
sábado, 16 de julio de 2011
martes, 24 de mayo de 2011
P.
-Bienvenido. – Le dijo una mujer de hermosos cabellos finos del color de la luna que brillaban bajo su luz. – Hace tiempo que esperábamos tu llegada Arturo.
Arturo miro a su alrededor. Se encontraban en un bosque. Rodados de arboles sin hojas y secos que crujían al interponerse a un leve viento que poco a poco intentaba crecer en vano. Bajo sus pies apenas se veía el césped entre todas las hojas caídas. La Luna estaba llena y todo estaba cubierto de un color triste y melancólico.
-¿Dónde estoy? – Pregunto Arturo a la joven mujer.
-Este es tu hogar ahora. Tu nueva casa.- Arturo intento responder pero no pudo. Acabo cautivado por los enormes ojos grises de aquella mujer. Aquella belleza no era real pensó, pero aun así no podía evitar el quererla, el poseerla para sí. – Ven, es por aquí. – Le señalo un pequeño camino entre las hojas. A lo lejos no se veía nada más que el bosque. – No queda muy lejos, un par de minutos y llegaremos a un pequeño rio, lo atravesaremos y llegaremos. – Intento tranquilizarle.
A medida que avanzaban, Arturo comenzó a fijarse más en aquel lugar. Todo era muy extraño. No sabía como había llegado, ni quien era aquella mujer. Ni siquiera sabía dónde estaba.
Varios segundos más adelante, el débil viento consiguió algo de fuerza y movió algunas hojas del suelo dejando ver debajo. Aquello sorprendió a Arturo. El verde césped que esperaba encontrar no estaba allí. Lo que vio fueron cadáveres de pequeños animales mesclados entre las hojas y un barro mohoso. En su rostro no puedo evitar soltar una aterradora mirada hacia todos lados. Su mirada recorrió todo su alrededor hasta dar con la sombra de la mujer que le llevaba dulcemente de la mano. Aquella sombra era como mínimo siete veces más grande de lo que debería y su forma no coincidía con ningún ángulo de ella. Y no solo eso, también se percato de que aquella sombra sujetaba una gran hoz que arrastraba moviendo las hojas a su paso.
Lentamente levanto la mirada y se encontró de frente con los ojos de la mujer.
-Bienvenido a casa. – Le dijo con una sonrisa enfermiza en su rostro.
viernes, 1 de abril de 2011
Dientes².
Un miedo inmenso recorrió su cuerpo. Frente a ella se encontraba el cuerpo sin vida de la bestia. Lagos de sangre emanaban de su cabeza, de sus brazos. Sangre que pronto tiño sus pies. Sangre que se encontraba sobre ella. Sentía asco. No sabía lo que había pasado. Simplemente sucedió. Su cuerpo actuando por si mismo salto contra la bestia. Un odio infrenable emanaba de ella en aquel momento. Un odio que la controlo, que le hizo actuar de aquella manera. Un odio que le hablaba, que la guiaba. Con apenas fuerza en sus piernas, salió de la casa en ruinas. Avanzo hasta la entrada al jardín y se dejo caer sobre la columna. Frente a ella, a lo lejos, se encontraba el pueblo que tanta paz le brindo. Columnas de humo que se extendían hasta el cielo emanaban de él. No solo la familia con la que vivía, si no todos habían caído esa noche.
Se puso de pie y comenzó a andar hacia el pueblo. A medida que avanzaba, se podían oír aun gritos de los que todavía Vivian. Gritos que se iban apagando uno a uno con un súbito y desgarrador llanto. Los arboles se movían fuertemente a causa del viento. Los pájaros se iban del lugar. A cada paso. A cada grito. A cada segundo que pasaba el odio dentro de ella aumentaba. Los dientes comenzaron a agrietarse debido a la gran fuerza con la que apretaba su boca cuando llego a la entrada del pueblo. Un último grito se apago delante de ella. Sobre aquel hombre se encontraba una de aquellas criaturas de armadura, quien se levanto y giro la cabeza para centrarse en ella. La criatura sonrió mientras un trozo de carne colgaba de su boca. Un fuerte rayo cayó sobre un árbol dejando un resplandor que la cegó durante unos pocos segundos. Al volver a abrir los ojos, sobre los edificios se veía la figura de varias de las criaturas. Varias más salieron de entre las sombras. Decenas de aquellas bestias la rodeaban, acercándose paso a paso.
Con la mirada en el suelo, comenzó a caminar lentamente hacia uno de ellos. No quería verlos, no podía. Bañados en la sangre de aquella gente. Poco a poco aquel débil paso con el que andaba se fue transformando en uno más rápido. Se convirtió en un trote que alcanzo una carrera. Y pronto en una carrera mas allá de toda razón. Se convirtió en un leve parpadeo.
Cuando la bestia se quiso dar cuenta, la niña se encontraba en el aire a su lado con el puño hacia atrás, el cual cargo con todas sus fuerzas y le golpeo arrancándole la mandíbula y lanzándolo varios metros hacia atrás justo a la vez que volvió a desaparecer dejando una ondulación en el aire. Una bestia la vio sobre su cabeza un segundo antes de que una patada se la arrancase y volviera a esfumarse. Otra de ellas vio como una mano atravesaba su pecho mientras caía al suelo.
Sobre uno de los edificios, frente a la luna que apareció de entre las nubes de humo, apareció la figura de una niña. Comenzó a caminar y al tercer paso y creando otra ondulación en el aire apareció frente a una de las criaturas que aun no habían huido. En menos tiempo del que la bestia tardo en parpadear su vida termino.
Delante de las pocas que aun quedaban se evaporo en el aire. Las tres dejaron escapar un ligero suspiro de alivio antes de vomitar sangre y caer al suelo sin entender siquiera el por qué.
Aun así, sabía que no la dejarían huir sin más. Debería esconderse.